Trisquel. Isabel Ilzarbe.











{Mayo 31, 2009}   Puestos a comparar…

Si hay ago que nos llama la atención es comparar cosas entre sí. Muchos niños han preguntado alguna vez ¿quién ganaría en una pelea?¿Superman o Spiderman?¿Y Batman y Superman?

No lo podemos evitar. Es uno de esos comportamientos humanos que vienen de serie, aunque a veces no los mostremos claramente. Las chicas nos miramos entre nosotras, o al menos eso se cuenta por ahí- no podemos descartar que se trate de una leyenda urbana- y decimos que “ese pantalón me quedaría mejor a mí” o “el pelo tan corto e queda mejor a Pepita”. Y los hombres tamién se comparan entre ellos, aunque no voy a caer en los tópicos de qué comparan los unos con los otros (por Dios, solo espero que en este caso el tópico sí sea una leyenda urbana…). Comparamos nuestro coche con el del vecino, o con cualquier otro que veamos por la calle. Comparamos nuestras casas, las películas que emos visto, los libros que hemos leído…

Hace unos cuantos días, un compañero de clase intentó hacer una comparación entre los filtros OCB y los filtros RASTA (si es que la crisis aprieta, y nos hemos pasado al tabaco de liar, mucho más económico) con la intención de convencernos de su punto de vista.

En definitiva, es raro aquello que se escapa de nuestro punto de vista comparativo.

Sin embargo, hay ocasiones en las cuales nos encontramos con temas que no podemos comprar. Simplemente, no somos capaces de hacerlo, pusto que no tienen ningún parecido entre sí. Por mucho que los miremos y nos fijemos en los más minúsculos detalles, no podemos hacerlo, y punto.

Bueno, esto nos pasa  la mayoría. Porque, como para gustos se hicieron los colores, el punto de vista comparativo de algunas personas debe haberse desarrollado sobremanera.

Me refiero, cómo no, a las dulcísimas palabras de monseñor Cañizares. Por si alguien no se ha enterado aún, aunque lo dudo, poqu últimamente ando muy retrasada con el resto del mundo, se refirió al problemilla de los abusos sexuales y físico-psicológicos sufridos por al mens dos generaciones en instituciones irlandesas dependientes de la Iglesia Católica, taes como colegios y centros para menores en situaciones problemáticas.

Pues bien, a monseñor Cañizares no le parece tan grave, comparado con la ley del aborto.

De verdad, cómo pueden quejarse, si no es tan grave lo que les ha sucedido. Da vergüenza ajena escucharlo, y sólo pensar que alguien puede considerar la realidad de esta forma.

Creía que estos dos puntos no tenían comparación posible entre sí, pero ya veo que, como en inumerables ocasiones, estoy completamente equivocada. Y no sólo eso, sino que cda vez estoy más decepcionada con la Iglesia, que en lugar de aceptar sus errores y tomar medidas en el asunto, así como hacer que los responsables de arruinar la vida a los más desprotegidos seres que podía encontrar en su camino paguen po ello, arremete una vez más contra el tema preferido para tapar verdades incómodas y protestas sociales aún más incómodas. Aborto, el tema estrella de meapilas y políticos tapacrisis. Sólo espero que, al menos en esta ocasión, no les funcione tan bien.



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