Día 20 de Enero de 2008. El mundo contempla expectante la investidura del primer presidente negro de Estados Unidos. Todo ser humano parece conocer qué está pasando en aquel rincón del mundo. Cada uno de aquellos que fijan su mirada en el presidente Obama lo reconocen, y en sus memorias han quedado grabadas palabras como “Change” o el lema “Yes, we can”.
Y es que parece que nos hemos empeñado en que, de sus manos, va a llegar un cambio radical en el orden mundial. Le hemos asignado inconscientemente la tarea de remodelar el mundo entero: la cultura, la economía, las desigualdades sociales… Todo cuanto nos pueda llegar a incomodar. Bien es cierto que su llegada a la Casa Blanca marca un hito en la historia de la humanidad: el país que creció con las manos negras de los esclavos, que vio nacer y morir a Martin Luther King soñando la igualdad interracial, que vivió y podría estar viviendo la intransigencia con las pieles más oscuras… La nación que encabeza el mundo desarrollado coronando a su primer presidente de color.
Sin embargo, parece que no queremos ver que es un ser humano como nosotros. Por las mañanas, se mirará en el espejo recien levantado. Tendrá legañas, cepillará sus dientes, se dará una ducha y se vestirá. Desayunará y comenzará su jornada laboral (probablemente, más espesa que la del común de los mortales). Cuando termine con ella, estará cansado, pero pasará el rato con sus hijas y su esposa. Cenará, intentará relajarse un poco. Se cepillará los dientes de nuevo, se acostará y, puede que hasta haga el amor con su esposa.
En definitiva, hará lo que hace todo ser humano. Y, sin embargo, medio mundo le encarga que cambie el planeta entero. Pero deberíamos ser conscientes de una cosa: nada cambia hasta que miles de personas se aúnan bajo un mismo ideal.
Según Marx, la historia de la humanidad se basaba en la eterna lucha de clases: unos oprimidos, los otros opresores. Sin embargo, ciertamente los cambios que se han ido produciendo a lo largo de la historia de la humanidad han sido obra de personas anónimas, que han quedado olvidadas en pro de otros nombres mucho más conocidos. El nombre de las cabezas visibles dentro de ese mar de gentes.
¿Que hubiera sido de Julio César en las Galias si no hubiera contado con sus legiones? ¿Recordaría alguien al Papa Gregorio VII si nadie hubiera marchado a liberar Tierra Santa de los Infieles? ¿Y qué habría pasado si soldados anónimos no hubieran luchado en las dos Guerras Mundiales? ¿Se hubiera producido el proceso de descolonización si nadie hubiese eschuchado a Ho Chi Ming, Nasser o Ghandi? Son quienes toman como bandera el cambio que promulgan unos pocas personas las que, en realidad, cambian la historia.
Por mucho que digamos que con Obama todo va a cambiar, sino nos ponemos en marcha, sino no somos capaces de decidir que ideal aunará a toda la humanidad y dejamos de lado rencillas tejidas entorno a creencias e ideales individuales… ¿Cómo pretendemos que el mundo cambie por una sola persona?






