Trisquel. Isabel Ilzarbe.











{Diciembre 4, 2008}   ¿En qué creo?

Parece mentira que una persona pueda hacerse esta pregunta en este momento, en esta época, con 21 años, siendo estdiante, y mientras escucha The Reason (Hoobastank). Pero yo me lo pregunto. Y es que, aunque se trate de una canción romanticona, hasta un poco pastelosa para algunos cuando analicen su letra, me he preguntado por otras razones.

Recuerdo que, cuando era pequeña, creía fielmente en todo cuanto me contaba mi profesora de religión. Aquella mujer, alta, más bien delgadita, de pelo moreno, largo y brillante, piel oscura, me llenaba con sus historias sobre Cristo, cargadas de bondady de belleza. No recuerdo como se llamaba, pero recuerdo cómo nos contaba todos y cada uno de los instantes de la vida de Jesús. Y yo creía en todo cuanto le escuchaba, sin hacerme preguntas. Creía que todos los sacerdotes eran hombres de Dios, entregados a la causa de Jesucristo. Creía que la iglesia representaba el mayor exponente de buenos deseos para la humanidad entera.

Pero claro, no podía ser tan fácil. Me fui haciendo mayor, y comencé a dudar. Pasé de tener una profesora de religión a la que apreciar, a tener una que sólo nos hablaba de la fé. ¿Qué es la fé? Era una pregunta a la que nunca nos respondió. Sólo nos decía cómo teníamos que creer en Dios. Creo que fue entonces cuando descubrí que, los sacerdotes son hombres corrientes, y como tales cometen errores, e incluso algunos llevan a cabo actor repugnantes (creo que en aquel momento de mi vida escuché el relato de una chica que tendría más o menos mi edad, que había denunciado al párroco de la iglesia en la cual escuchaba misa con su familia por haberla violado). Tengo qe reconocer que no sólo dudé de todo en cuanto había creido a ciegas hasta entonces. Y no sólo eso. Me repetí a mi mísma que creer en algo a ciegas era estúpido, sólo una pérdida de tiempo.

Mis padres nunca me obligaron a continuar cursando religión cuando comencé la ESO. Cuando llegó el momento de apuntarnos para comenzar las catequesis preparatoria para nuestra confirmación, simplemente llegué a casa y le dije a mi madre que no me sentía preparada para abrazar una religión concreta. No dijo nada, simplemente, me dejó actuar libremente, segú mi propio criterio. Por aquel entonces decía que yo era muy madura para mi edad, y, aunque yo no estoy tan convencida, me dejaba decidir sobre asuntos como este.

Creo que hace un par de años mpecé a er las cosas de otra forma. Pasé basdtante tiempo buscando mi lugar, pensando sin querer en qué es lo que realmente pensaba. Mentiría si no dijera que durante algún tiempo no dudé de todo y de todos. Y sin embargo, ahora, con 21 años (reconozco que mi edad no es precisamente el mayor exponente de la madurez, pero bueno…), me miro al espejo y me reconozco perfectamente.

Me llamo Isabel, un nombre de origen hebreo cuyo significado más exacto viene a decir “la que ama a Dios”, tengo el pelo castaño oscuro, los ojos entre verdes y marrones, la piel blanca y una pequeña sombra de ojeras permanente debajo de párpados. No soy una belleza andante, ni tengo la figura de una modelo, pero me gusto. Creo en Dios, creo que vivió un hombre llamado Jesucristo, pero no creo en la Iglesia Católica como institución poseedora de la verdad absoluta, no como remanso de paz y bondad entre un mundo que derrama constantemente la sangre de millones de seres humanos. No creo que dejar al mercado funcionar libremente sea la mejor forma de asegurar el Estado del Bienestar a los ciudadanos; no creo que las banderas, los escudos y las tierras sean la excusa para fermetar el odio en los seres humanos. Creo que todos somo iguales, que tenemos los mismos derechos. No creo que abortar, o llevar a cabo una eutanasia sean asesinatos, pero sí creo que dejar morir a áfrica entre el SIDA y el hambre lo es.

Creo en ciertas cosas con firmeza, forma parte de mí. Y todo aquello en o que creo es mi ideal, mi motivo por el que luchar.

No siento vergüenza al expresar todo en cuanto creo. Pero ahora siento una nueva duda: ¿por qué parece que expesar sin tapujos que crees a ciegas en algo y que lo tomas como un ideal por el que luchar sea motivo de vergüenza, algo que hay que silenciar en púb,lico por temos a no ser políticamente correcto?



barrenado nos dice:

Creo que para expresar sin tapujos una creencia ciega en algo hay que tenerla, por eso no se estila expresar esas cosas, porque no se tienen perfectamente claras, porque en el fondo hay dudas.
Quienes no tiene dudas, como parece tu caso, son los que pueden expresarlo.
En mi caso trato de usar la máxima de que si sabes una cosa para qué discutirla, y si no la sabes con más razón.
También es cierto que lo más cómodo es no expresar sentimientos ni creencias, creo que es más bien comodidad y no tratar de ser políticamente correctos.
Y por cierto, lo de la edad dejó de ser excusa para nada cuando cumpliste los dieciocho, mala suerte.



Isabel nos dice:

Seguro que dejó de ser excusa lo de la edad? Esto voy a enmarcarlo para que lo vea una antigua profesora que cuando yo tenía dieciocho me trataba como a una niña de diez. ;)

Y creo que tienes razón, es más bien comodidad, aunque de esto no estoy tan segura.



barrenado nos dice:

Yo es que sólo estoy seguro de lo que hice hace cinco minutos, y a veces tampoco, je je je.



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