Es una palabra que puede levantar sentimientos dispares: sexo. Y es que, aunque cada vez menos, hablar de sexo es complicado, casi escabroso. Aceptamos que, biológicamente, el ser humano es un ser sexuado. Nace con unos caracteres sexuales que diferencian, como en todos los mamíferos, hembra y macho. Mujer y varón, si lo prefieren así. Damos por cierto que, además de la reproducción, el sexo nos proporciona placer. Así, varias teorías han intentado explicar cómo surge la homosexualidad en los seres humanos: esa capacidad de sentir placer físico hace que no sea obligatoria, estrictamente necesaria, una atracción entre dos seres de caracteres sexuales opuestos.

En otras palabras, mucho más poéticas, la fusión de dos seres sexuados, uno de cada género, sirve para prolongar una parte de dichos seres en el tiempo, al par que los fusiona el uno en el otro.
Vale, muy bonito y muy claro. Y, sin embargo, sigue siendo uno de esos temas que, al mencionarlo, provoca la súbita aparición de sonrisas nerviosas y tímidas, de caras de rechazo incluso, de miradas perdidas en algún punto inexacto del infinito… En definitiva, que por mucho que nos intenten vender que es un tema natural, nos sigue pareciendo un tabú de lo más escabroso.
Mirémos sino la cantidad de chistes que existen al respecto: el 69, la difunción erectil, la eyaculación precoz, los cuernos… Todo su mundo se refleja en una seri de chistes verdes que, seguramente, nos servirán para evadinos de la incomodidad que nos provoca.
Por supuesto, no se trata de contar toda y cada una de nuestras intimidades con pelos y señales, siempre que no se quiera hacerlo; se trata de tratar lo que es natural como natural.
En una clase de Biología nuestra profesora nos dijo: “El aparato genitourinario está compuesto por tejidos celulare, como el resto de sistemas y aparatos que componen nuestro organismo. Mencionar la vegina, el clítoris o el pene no debe suponer risitas y comentarios”. Y sigo pensando que tenía razón.
Aquella fue una de las pocas profesoras que he conocido que era capaz de hablar de sexo como algo normal. El resto, hasta se ruborizaban.
Y la consecuencia última de ue se trate el tema con tanta distancia, como algo absolutamente incómodo hace que no se trate en el instituto o el colegio, que no se trate en la mayor parte de las familias (en ese caso, la mía es una excepción, pero así he conseguido no llevarme sustos). Así, hay chavales que no saben que es la regla hasta que no le baja por sorpresa a una compañera mientras están en clase, por ejemplo, de matemáticas; hay quien se cree patrañas lazadas por fanáticos, como que los anticonceptivos hormonales prococan cáncer de cérvix, quien cree que la marcha atrás es tan válida como un preserativo, quien no sabe cómo se contagia la gonorrea, la clamidia, el herpes genital… Y quien se piensa que el sexo es sólo el coito, dejando de lado cualquier juego, que al final es lo que une a una pareja (por supusto que se quiera o al menos se desee de verdad) en cuando a su intimidad sexual.
Y así llegamos a que, para intentar convecer de una vez por todas a los chavales de que el condón es el anticonceptivo más seguro, especialmente en los rollos de unanoche. aya que inventar una especie de rap compuesto por rimas facilonas y sin demasiado sentido.














