Trisquel. Isabel Ilzarbe.











{Noviembre 25, 2008}   Un día más

Campaña Ministerio de Igualdad

Hoy es un día para luchar contra los malos tratos. Hoy, como ayer, como mañana… Como todos y cada uno de los días del año. Pero hoy, especialmente, debemos remover un poco nuestras conciencias, para comprender todas las áreas oscuras que rodean el maltrato en la pareja. Y es que, seamos realistas, antes todo esto se nos presentaba como algo lejano, totalmente ajeno a nosotros mismos; sin embargo, puede ser nuestra vecina, o la mujer que vemos cada día cuando bajamos a la panadería, o, aunque a veces parezcan más camuflados, uno de los hombres que nos encontramos en el autobús, o en la calle… Puede ser cualquiera.

Puede ser cualquiera, y ello debería ser un argumento suficientemente persuasivo para convercernos de que todos nosotros podemos hacer algo. Y, sin embargo, parece que aún no sabemos muy bien cómo hacer nuestros deberes.

Serviría de algo añadir que muchas veces las marcas de un mal trato no se ven, ni se palpan, ni se miden… No sangran, ni se pueden infectar… No son huesos rotos. Muchas veces quedan abiertas heridas en lo más profundo del alma de quien padece las vejaciones de su pareja, sea hombre o mujer. Tal vez sea mucho más duro, ¿cómo demostrar que me maltratan psicológicamente? Sin embargo, es igual de inhumano que un bofetada, un puñetazo, una patada, una paliza, o diez cuchilladas.

Aunque las diez cuchilladas suponen muchas más veces de las debidas, el fin de una vida, una luz que se apaga de pronto, sin poder volver a empezar de nuevo. Una persona que muere y deja atrás una fimilia rota y desencajada.

Es igual de repugnante sea un hombre o una mujer la víctima, y sea un hombre o una mujer el maltratador. Parece que no exista el maltrato hacia los varones, pero también es una realidad. No por ser hombre se es más, ni por se mujer se tiene más derecho. Tu pareja está para quererla, para ser tu complice, tu confidente, no para humillarla; está para hacerte más cortas las noches en vela, para apoyarte en los momentos más duros, no para recibir odo el peso de tus frustraciones; es una persona con la que compartir tu sueños, no para crearle pesadillas; es un ser humano con el que ver crecer a tus hijos, no para conseguir que ellos aprendan a ser agresivos; tu pareja es una persona con la que compartir tu vida, no un saco de boxeo, un objeto sin valor humano alguno. Tu pareja es un ser humano, no una presa a la que cazar y machacar a golpes.

Tu pareja es una persona, no es de tu propiedad.

Esta mañana he participado en la concentración convocada por el Gobierno de Navarra en la Plaza del Vínculo de Pamplona. Sólo han sido unos minutos de silecio, en una fila atrasada, lejos de personalidades políticas y de cámaras de televisión y de prensa. Y sin embargo, me he podido plantear una cuestión; ¿hasta cuando nos vamos a vendar los ojos ante la cruda realidad de las víctimas? ¿Seremos capaces de comprender que el día contra el maltrato en la pareja es cada uno de los días de nuestra vida?



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