El día que una chispita, surgida entre mis neuronas tras la actividad de un neurotransmisor desconocido, provocó en mi la idea de comenzar una nueva aventura publicando mis relatos y demás textos en un blog no pensé nunca en este momento. Hace un par de días que el contador de visitas me señala que he superado el número mil. Es un número extraño, llamativo, de nombre corto y de sonido tenue y suave. También es a la vez un número difíci de asimilar… Mil visitas pueden parecer pocas para muchos, pero para mí son muchísimas, más de las que podía haber imaginado el primer día que me senté delante de la pantalla del ordenador con la intenció clara de comenzar.
Mi primera toma de contacto fue a través de Blogger, pero he de reconocer que tras conocer WordPress, me convencí de que era una mejor opción (para gustos los colores, y a mi personalmente…). Una vez aquí, comencé con La Mudanza de todos los relatos y textos que ya había visto la luz a través de mi viejo blog.
A partir de aquí, mis textos se amontonaron en este nuevo espacio entre viejas canciones y noches lluviosas, pasando por palabras de dolor, rabia, sueños propios y ajenos, reflexiones más o menos profundas, opiniones, críticas y palabras de amor a un lado, y al otro.
Poco a poco vi cómo recibía visitas de curiosos lectores; unos llegaron para quedarse, y otros resultaron visitas cortas pero siempre bien recividas. Un día me atrevía a agradecer de una forma especial las 300 visitas, y hoy os escribo con la misma ilusión, las mismas ganas de siempre, de todo este tiempo (vale, corto, pero de apariencia etrena) para daros a todos las gracias.
Más de mil gracias.



