Discapacidad
Hoy es el día que se ha decidido dedicar a las personas que padecen alguna discapacidad. Muy poca gente lo sabe, pero es así… Por ejemplo, la gente de Navarra ha recordado antes que se trata del día consagrado al patrón de la Comunidad Foral (por si no lo sabeis, San Francisco Javier). Otra mucha gente se ha enterado por medio de las noticias, pero poco más… He decidido escribir pues este es un tema que me toca de cerca: mis padres, ambos, han trabajado como vendedores de la ONCE. Ahora, mi padre está jubilado, mi madre se beneficia de un Incapacidad Permanente Absoluta (resuelta por vía judicial), y yo estoy aquí, escribiendo un post sobre las minusvalías, o discapacidades… He de reconocer que ambos términos me resultan iguales, pero desconozco cuál de ellos es el políticamente correcto.
Debido a mi situación personal he podido tener contacto con personas que padecía diferentes discapacidades. Quizá por eso no sé juzgar la capacidad de estas personas para desempeñar los mismos trabajos, las mismas ocupaciones que lo demás. Puede que por este motivo no comprenda por qué cuesta tanto adaptar edificios institucionales para que cualquier persona discapacitada pueda acceder a ellos de manera sencilla. Por ejemplo, se instalan rampas, ascensores… Me parece maravilloso que se tomen estas medidas en beneficio de las personas con movilidad reducida, pero se da de lado a otras discapacidades, como la ceguera. Pongamos un ejemplo sencillo: un invidente (quizá es políticamente correcta esta denominación antes que ciego) se presenta en una oficina de la Seguridad Social para gestionar unos documentos. Primer problema, saber cuándo te toca tu turno para pasar a ventanilla. O tienes suerte y alguien es tan amable de avisarte cuando cambia un número, o no te enteras, o te enteras tarde… Después viene esa pregunta, hiriente en muchos casos, de ¿sabe usted firmar? Sí, los ciegos saben firmar. Sí, sí… Aprenden a firmar pues saben de sobra que es importante…
Para un mudo o sordomudo la cosa no es fñacil tampoco. Vease el hipotético caso de una mujer que acude al ginecólogo. Quiere saber lo que está viendo el médico, pero, como se desconoce el leguage de símbolos, la comunicación entre ambos es complicada. En muchos casos, la otra persona, sea el hipotético ginecólogo, un funcionario del ayuntamiento, un oficinista de la Seguridad Social… sea quien sea, acaba por dejarlo por imposible, o comunica nada a la persona interesada y simplemente espera que se aclare ella sóla más tarde…
No, no son casos difíciles estos que he contado ahora. Creo que todos nos deberíamos fijar un poco más en estos problemas que se les plantéan a las personas discapacitadas. Y, sobre todo y ante todo, deberíamoshacernos una pregunta, y hacérsela a cualquier autoridad con competencia en el tema: ¿Estamos haciendo todo lo que está en nuestras manos para facilitar sus labores, las mismas que las nuestras a estas personas?
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